No pensaba volver al pueblo que dejé atrás, no quería arriesgarme...
Me alejé de la iglesia lo suficiente como para no distinguirla entre la niebla, pero no pensé en dónde estaba ni qué iba a hacer en ese momento y por ese motivo seguí caminando...
A los pocos minutos de empezar a caminar entré en una ciénaga donde había toda clase de insectos y de árboles mohosos. Charcos de barro cubrían mis pies y me dificultaban el paso. Los árboles me decían con sus movimientos "corre, aléjate...", no me lo tenían que decir, eso ya lo sabía.
No hice caso a lo que me decían los árboles, quería andar para ver el paisaje y encontrar un sitio en el que leer el libro que saqué de la iglesia.
Abrí el libro por la primera página:
"No puedo saborearte, no puedo pensar en ti, ¿existimos en absoluto?. Esa es la manera de pensar, usa tu ilusión para encontrarte. Mi mente se abre en nuevos sueños para alejarme de la perturbación de la oscuridad, nada es lo que parece, todo es igual. Tenemos miedo a todo lo que no pudo ser".
Sentí la oscuridad dentro de mí por un instante, -¿qué puedo significar?- me repuse y continué la marcha.
Durante horas anduve viajando a dónde mi corazón me llevase con tal de encontrar el último lugar en el que quedarme. Tenía ilusión, iba olvidando el internado y lo que me ocurrió allí, de vez en cuando me paraba para seguir leyendo el pasaje para mí incomprensible.
Cada palabra que leía era un rompecabezas, eran bonitas pero no le encontraba sentido, así que seguí andando.
Al poco tiempo divisé una casa, parecía estar en un lugar elevado; me acerqué lo que el fango y el follaje me permitía, estaba a punto de tocar la pared de la casa cuando se encendió una luz. El susto me echó para atrás y apunto estuve de caerme. La puerta empezó a chirriar y una silueta apareció al otro lado, no era una persona muy alta, tampoco muy aria, pero parecía amable. Me ofreció comida, un lugar donde dormir y me propuso un trabajo en la ciudad que había unos kilómetros más lejos.
Una noche me desperté y se me ocurrió mirar por la ventana de mi habitación; podía ver las ciénagas que había antes de la casa, el bosque de antes de las ciénagas y el horizonte. Al verlo todo sentí otra vez la oscuridad en mi interior, supe qué era y qué debía hacer, pero una pregunta me ronda la cabeza...
...¿En realidad existo?
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