viernes, 9 de noviembre de 2012

Las Crónicas de Norton: Relato 1 - Parte 1/3

   Están dando las doce, con una pluma y un papel empiezo a relatar cómo llegué hasta aquí...

   Me llamo Clara - o al menos eso creía antes-, soy de un pueblo pequeño entre Francia y Alemania llamado Osborhg. Mis padres me llamaron así por no sé qué razones, pero yo misma me he inventado mis propios motivos: Mis ojos eran grises, mi piel era pálida y mi pelo rubio. Mientras pasaban los años mi físico fue cambiando, tal vez para adaptarse al entorno, quizás por naturaleza propia... quien sabe.
 
   Mi infancia fue buena; no tuve problemas con nadie, todo el mundo era amable conmigo y yo también con ellos, con los pueblos vecinos también tenía una buena relación... pero no sé por qué me mandaron a un internado, ese maldito internado dónde me metieron con 13 años; ¿qué hice yo?, ¿qué hice para que mi vida se desplomase de esa manera?
 
   En ese lugar se podía respirar el odio que se tenían mutuamente los ingresados, se podía hasta oler los llantos de los niños al entrar por la chirriante puerta de hierro,
las personas que estaban allí dentro no tenían muy buena cara, estaban muy pálidos, un pálido exagerado.. Parecía un manicomio más que un internado. Al estar en ese lugar el tiempo parecía que se paraba, que las agujas de los relojes se movían para luego retroceder. Nada me retenía allí, sólo el deseo de mis padres era lo que me ataba a esa terrorífica estructura. Ocurrían cosas extrañas en aquel lugar: las ventanas se abrían cuando tenían el cerrojo puesto, de vez en cuando se podía oír el sonido de un violín tocando a desgana. Tenía que irme de allí, no podía aguantarlo, por eso me escapé 3 años más tarde
 
   Fue una huida bastante fácil, no había mucha seguridad.

 
   Al escaparme se me ocurrió ir a mi casa, aquella casa en la que había vivido hasta que cumplí los 13. Pero algo me decía que me alejase; me mantenía lejos, me avisaba de que ese lugar estaba podrido por dentro, de que no era el mejor sitio para refugiarse.

   Seguí caminando por aquel pueblo, se podían ver algunas personas esforzándose por avanzar, por poner un pie delante del otro. Encontré la casa de mis amigos reducida a escombros, sólo una pared se mantenía en pie. Decidí no quedarme más tiempo en el pueblo, y seguí mi camino por la calle principal con los búhos siguiéndome y esa voz diciendo "quédate"...

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